sábado, 8 de noviembre de 2025

el vértigo

un día te confesé que a una parte de mi le aliviaba que no fueras a vivir en madrid porque me daba mucho vértigo imaginarnos teniéndonos citas en mercados. recuerdo que me respondiste de vuelta que sentías que si vivieses en madrid, no nos veríamos entre semana y pasaríamos los findes en el monte.

esta mañana, mientras me hacía mi comida para irme a la montaña, imaginaba que también te hacía un bocata a ti. que tú también vendrías. y de pronto te sentía en el monte, con tu manera tan tuya de habitarlo. te imaginaba con tu cámara haciendo vídeos de los picos de la montaña desde cada lugar.
volviendo en el coche me vino una imagen de los dos tumbados en un prado que había al sol entre muchos árboles que había visto antes. nos imaginé ahí abrazados y una parte de mí sintió que en otro plano hoy pasamos el día juntos en el monte.

alfre, no querría que estuvieras en madrid este año. no lo querría porque cada vez que cierro los ojos y conecto contigo estando ahí, cada parte de mi entiende y siente que estás exactamente en las coordenadas en las que tienes que estar. cada vez que escucho tus historias de sincronicidades, mi cuerpo registra que todo eso solo puede suceder cuando te atreves a estar donde te llevan. yo también siento que estos meses mi lugar está aquí en madrid. enterrando mis pies en la tierra, en lo más profundo. recorriendo tantas partes de mi que llevan tiempo desprendiéndose y que aún me duelen. entendiendo que tengo que enterrar mis pies para hacerme una con el lugar que habito solo para entender que nunca pertenecí del todo. o no solo aquí.

y también siento que teníamos que abrir todo esto estando a distancia (afinando la telepatía para que me mandes olas en sueños). porque de alguna manera nos enseña el ejercicio maestro de aprender a acompañarnos aún cuando lo que cada uno necesita es diferente y nos lleva a lugares tan distintos. quizás porque fuimos amigos durante tanto tiempo y sé que tú llevabas tiempo necesitando estar en ti. y yo necesitando despedirme de un romance muy amurallado conmigo misma.

y también siento que tenía que estar aquí en madrid para entender que no tengo que renunciar a ese lugar conmigo. pero que ya no es el único que quiero habitar. porque ahora voy al monte, y aunque no querría que nada de esto fuese diferente, de pronto siento que el día que pueda hacerte el bocadillo por la mañana para irnos juntos a tumbarnos al sol en la montaña, entenderé que el vértigo porque vivieras en la misma ciudad, también era un deseo por caer



(mi vértigo, siempre mi brújula))

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